jueves, 29 de abril de 2010

Avellaneda y la Cociliacion de los partidos

Avellaneda propicia la conciliación de los partidos
Luego de los sucesos derivados de la revolución de 1874 los partidos se miraban con profundo recelo. Los mitristas habían proclamado la abstención cívica y la prescindencia en los asuntos oficiales. Avellaneda se dispuso a conseguir la conciliación nacional. A tal fin propuso la amnistía de los revolucionarios del 74 lo cual derivó en el acercamiento de los mitristas. El presidente logró que tanto Adolfo Alsina como Mitre
-irreconciliables adversarios- se avinieran a la política de conciliación a la que se sumó el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Casares.
La federalización de Buenos Aires: la República ya tiene capital
La finalización del período presidencial y el consiguiente surgimiento de candidatos reveló la fragilidad de la concordancia. Avellaneda pareció inclinarse por su ministro Julio A. Roca, entanto que los mitristas y alsinistas alzaron el nombre del nuevo gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor.
Los econos políticos llegaron a un punto crítico cuando nuevamente se agitó el problema de la capitalizacion de Buenos Aires, sostenida por el presidente y tenazmente combatida por la instransigencia porteñista.
En un discurso pronunciado por el gobernador Tejedor hizo alusión a los deberes de las autoridades provinciales "para con su huésped, el presidente de la República".
Esta calificación enconó más los ánimos: los porteños, basados en su poderío económico y en la hegemonía que ejercía sobre el resto del país, no estaban dispuestos a perder su cuidad y se negaban firmemente a la federalización. Avellaneda, por su parte, estba dispuesto a hacer valer la soberanía de su poder en todo el territorio nacional y haciendo alusión a Buenos Aires expresó que "nada hay en la Nación superior a la Nación misma".
El gobierno bonaerense comenzó a realizar movilizaciones militares, que provocaron diarias agitaciones y culminaron con el adiestramientode los ciudadanos en el manejo de las armas. Frente a tal actitud, el gobierno nacional consiguió sancionar una ley que prohibía a las provincias la movilización de sus milicias. Buenos Aires, sin tomar en cuenta las estipulaciones de la ley recientemente sancionada, siguió con sus aprestos bélicos y cuando el gobierno nacional intentó requisar un barco cargado de armas destinado a la provincia, Tejedor enció al coronel Arias quien impidió la maniobra de las fuerzas nacionales.
La beligerancia entre el gobierno central y la provincia había llegado a su punto culminante. Avellaneda juzgó intolerable la situación y dispuso el retiro de su gobierno de la ciudad y dictó un decreto designado al pueblo de Belgrano como sede transitoria de gobierno. El Senado, la Corte Suprema y la mitad de los diputados, acompañaron al presidente. Avellaneda ordenó la concentración del ejército nacional que sitió la ciudad de Buenos Aires. El desenlace se obtuvo después de sangrientos combates: Puente Alsina, los Corrales y en San José de Flores, en las inmediaciones de la antigua Convalescencia(en Barracas), donde murieron centenares de argentinos de ambas partes hasta producirse la total derrota de los porteños.
Mitre -que apoyó a los sublevados- ofició de mediador entre Avellaneda y Tejedor. Según las bases del acuerdo suscripto, se dispuso el desarme de las fuerzas provinciales, la renuncia de Tejedor y su reemplazo por el vicegobernador José María Moreno.

jueves, 22 de abril de 2010

La Conquista del Desierto

LA CONQUISTA DEL DESIERTO: Durante la década del ‘70 resurgió la preocupación por la situación de las fronteras con los indígenas, en particular las del sury del sudoeste. Este interés se debía a varias causas. Por un lado, la necesidad de incorporar nuevas tierras para la explotación ganadera. Por otro, los malones —ataques rápidos destinados fundamentalmente a tomar el ganado como botín— provocaban una creciente inseguridad para los productores.

Además, las aspiraciones chilenas para dominar los territorios indígenas pusieron en alerta a las autoridades argentinas, que consideraban dichos territorios como propios. El ministro de guerra, Adolfo Alsina, mandó a excavar una larga zanja, conocida como la zanja de Alsina”, cuyo objetivo era consolidar la frontera y evitar los malones; por el plan fue un fracaso. A la muerte de Alsina, en diciembre de 1877, se designó como ministro de Guerra al general Julio A. Roca, cuyo plan era mucho más agresivo. Su estrategia consistía en realizar una campaña ofensiva que evitara el reagrupamiento de los indígenas hasta fijar la frontera en el río Negro. Este plan estaba acompañado de modernas ametralladoras que marcaron una fuerte desigualdad en el combate: el Ejército exterminó sin distinción a hombres, mujeres y niños.

jueves, 8 de abril de 2010

Avellaneda como Presidente

El 12 de octubre de 1874 Avellaneda asumió el mando. Continuó la línea progresista de sus antecesores, pero tuvo que recurrir a las intervenciones para mantener el orden en las provincias (Jujuy, Salta. La Rioja); también debió sofocar movimientos revolucionarios en Santa Fe y Corrientes.

LA CRISIS ECONÓMICA. El país afrontó la primera crisis económica grave a consecuencia. de la crisis mundial que afectó a la Bolsa de Comercio de Viena y a Estados Unidos de América. En el mercado internacional se produjo la baja de precios de los productos agrícolas y el alza de los manufacturados, lo cual afectó nuestra balanza comercial. Avellaneda pidió al pueblo que realizara economías, redujo los sueldos, decretó cesantías y restringió las importaciones.

La inestabilidad económica provocó descontentos sociales manifestados a través de organizaciones gremiales que reflejaban los intereses de ¡os obreros.